Cuando las áreas jurídicas destruyen la reputación
- Carlos Ibarra
- 12 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Por: Carlos A. Ibarra
Hay prácticas que, aunque disfrazadas de “estrategia legal”, revelan una cultura corporativa basada en el control, la opacidad y la falta de respeto hacia sus propias contrapartes. Una de ellas —tan común como alarmante— es la negativa a entregar copia de un contrato o documentos firmados a la misma persona que los firmó bajo la promesa de recibirlo “cuando tenga todas las demás firmas” u otra argucia similar.
¿La posible razón? Evitar que el proveedor, empleado o cliente tenga “pruebas” en caso de que la empresa incumpla lo acordado. Una jugada tan pobre en ética como en técnica jurídica.
Porque, más allá de la apariencia de “protección”, el mensaje que se envía es inequívoco:
• “No queremos que tengas elementos para defenderte.”
• “Tenemos algo que ocultar.”
• “Si te fallamos, queremos que tengas las manos atadas.”
Esta actitud, además de evidenciar una pobreza profesional alarmante —pues abogados corporativos que recurren a este tipo de argucias probablemente perderían un juicio incluso frente a un pasante—, proyecta una imagen de abuso y debilidad. Y ocurre con especial frecuencia (aunque no exclusivamente) en áreas jurídicas vinculadas a Recursos Humanos, Tecnología y Oil & Gas, entre otras.
La reputación de una organización no se define por campañas publicitarias o eslóganes inspiradores, sino por la coherencia entre lo que predica y lo que practica. Negar deliberadamente a la contraparte un documento que firmó no es “prudencia”, es un acto que erosiona la credibilidad y que, con el tiempo, puede derivar en:
• Pérdida de confianza de clientes, empleados y socios.
• Fuga de talento valioso.
• Filtraciones de información sensible.
• Crisis reputacionales amplificadas en redes sociales.
• Denuncias públicas que podrían haberse evitado con un trato digno y transparente.
Peor aún: contrariar a alguien que conoce a fondo a la organización, que tiene acceso a información sensible o que ha invertido tiempo y recursos en la relación comercial o laboral, puede convertir un conflicto menor en un problema mayor. En esos casos, la discreción puede durar hasta que la paciencia se agote… y entonces la próxima publicación podría llevar nombre y apellidos.
Una gestión jurídica con mentalidad de trinchera, más interesada en ocultar que en construir, termina dañando lo más valioso que tiene una organización: su reputación. Y ninguna cláusula, NDA o firma de conformidad puede blindarla contra eso.


.png)



Comentarios